El Centro de Documentación y Análisis Social (Cendas) reportó que la canasta alimentaria familiar en Venezuela alcanzó los 645,67 dólares en febrero de 2026, lo que significa que una familia promedio necesita casi 646 dólares mensuales para cubrir sus necesidades básicas de alimentación. Este monto representa el costo mínimo requerido para adquirir los productos esenciales que componen la canasta alimentaria, según la metodología de seguimiento que mantiene la organización desde hace años. El dato refleja la persistente presión inflacionaria y el deterioro del poder adquisitivo en el país, en un contexto donde los salarios mínimos y las pensiones se mantienen muy por debajo de este nivel.
Según El Pitazo, que cita el informe de Cendas, la canasta alimentaria de febrero se ubicó en 645,67 dólares, marcando un incremento respecto a meses anteriores y evidenciando la dinámica alcista en los precios de los alimentos básicos. Por su parte, El Nacional reportó que una familia venezolana necesita 645,6 dólares al mes para cubrir la canasta básica alimentaria, cifra que coincide sustancialmente con la publicada por Cendas. Ambas fuentes destacan que este valor supera ampliamente los ingresos promedio de la mayoría de los hogares, generando un déficit alimentario crítico que afecta a millones de venezolanos.
El contexto histórico de la canasta alimentaria en Venezuela muestra una trayectoria ascendente en términos nominales, aunque con fluctuaciones en su valor en dólares debido a la volatilidad cambiaria y la hiperinflación que ha caracterizado la economía en años recientes. Cendas, como organización de la sociedad civil, ha mantenido un monitoreo independiente de este indicador, contrastando con las cifras oficiales que suelen presentar valores significativamente menores. La metodología de Cendas incluye un conjunto de productos alimenticios considerados esenciales para una familia tipo, calculando su costo en el mercado nacional.
El impacto de este dato en la población venezolana es profundo, ya que la brecha entre el costo de la canasta alimentaria y los ingresos familiares se ha ampliado consistentemente. Con un salario mínimo oficial que no supera los 50 dólares mensuales y pensiones que rondan valores similares, la mayoría de las familias dependen de ingresos informales, remesas del exterior o programas de asistencia social para complementar su alimentación. Esta situación ha generado niveles alarmantes de inseguridad alimentaria, con reportes de organizaciones internacionales que indican que más del 60% de los hogares venezolanos enfrentan dificultades para acceder a comida suficiente y nutritiva.
Las perspectivas para los próximos meses no son alentadoras, según analistas económicos consultados por los medios. Factores como la depreciación del bolívar, la escasez de divisas, las limitaciones en la producción nacional de alimentos y las tensiones geopolíticas que afectan las importaciones sugieren que la presión sobre los precios continuará. Además, la implementación de políticas económicas bajo la administración de la presidenta encargada Delcy Rodríguez, que asumió en enero de 2026 tras la detención del exmandatario Nicolás Maduro, aún no ha mostrado resultados concretos en el control inflacionario o la recuperación del poder adquisitivo.
La comparación con otros indicadores económicos refuerza la gravedad de la situación. Mientras la canasta alimentaria supera los 645 dólares, el ingreso promedio de un trabajador formal en el sector público rara vez alcanza los 100 dólares mensuales, según estimaciones de economistas independientes. Esto obliga a los hogares a destinar la mayor parte de sus recursos a la alimentación, sacrificando otros rubros esenciales como salud, educación, transporte y vivienda. La dependencia de remesas, principalmente desde Estados Unidos bajo la administración del presidente Donald Trump, se ha convertido en un factor clave de subsistencia para muchas familias, aunque su flujo es irregular y sujeto a variaciones cambiarias.
A largo plazo, la sostenibilidad de esta situación es cuestionable, ya que el deterioro nutricional tiene implicaciones severas en la salud pública, la productividad laboral y el desarrollo humano. Organizaciones como el Programa Mundial de Alimentos han alertado sobre la necesidad de intervenciones urgentes para evitar una crisis humanitaria más profunda. La respuesta gubernamental, a través de programas como los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP) y bonos especiales, ha sido insuficiente para cerrar la brecha, según críticas de expertos. El monitoreo continuo de indicadores como la canasta alimentaria de Cendas seguirá siendo crucial para evaluar la efectividad de las políticas económicas en el futuro inmediato.


